
Un paseador de perros, muy alegre,
se fumó un porro, ¡ay, qué desaire!
Las mascotas en fila,
con su cola en sigilo,
cada perro le ladró: “¡No hay nadie más que mire!”
Se hizo amigo de un gato furtivo,
y del loro, ¡vaya un festivo!
Pero al ver a un bulldog,
se quedó como un frog,
“¡Dame un hueso, amigo, yo soy tu nativo!”
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