
En un rincón del sofá, la vida es bella,
con un porro en la mano, mi mente vuela.
Pero al despertar, oh, gran decepción,
perdí el control de mi gran misión.
La nevera grita, "¡Come lo que quieras!"
pero olvido el helado, las galletas, las ceras.
Me despierto en la cama, con cara de perro,
y los pipas vacíos en mi viejo estantero.
El tiempo se estira, ¿cuánto ha pasado?
“Diez minutos”, pienso, pero he sido engañado.
Me pierdo en la serie, el remote en mi mano,
y cuando miro, ¡uh, ya son cinco de verano!
Las risas se apagan, el hambre me asalta,
parece que un monstruo en mi estómago salta.
Con un toque de humor, y un poco de dolor,
ser fumón tiene su encanto, y también su error.
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