
En el gym llegué a sudar,
y al peso me puse a retar,
pero con un pucho,
mi mente dio un lucho,
y el suelo ¡me hizo descansar!
Las pesas miraban con rencor,
mientras yo a la esterilla, ¡qué horror!,
empecé a estirarme,
y al rato soñarme,
en yoga con un buen sabor.
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