
Un hombre que quiso dormir,
tomó un porro, ¡vaya a decir!
En su siesta se fue,
a un mundo de fe,
donde las flores supieron hablar y reír.
Viajó por un bosque brillante,
en un sofá, ¡todo era constante!
Las nubes eran de miel,
y el viento le dio un papel,
donde el sol le grita: “¡Te encanta!”
Despertó con un gran susto,
con sabor a galleta y a busto,
“¿Era todo un sueño?”
se preguntó en un ceño,
y de risa, se fue hecho un justo.
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