
Con un porro en mano, en su mundo está,
un músico viejo con gran creatividad.
La flauta le habla, el tambor también va,
y el violín le susurra con suavidad.
Un acorde triunfante, ¡vaya melodía!,
pero en medio de notas, se enreda el compás.
Olvida la armonía, ríe la orquesta,
y la sinfonía se convierte en un jazz.
Los acordeones bailan, y la guitarra ríe,
mientras el viento toca en un plan de locura.
Las nubes lo siguen, la luna se siente,
pues el músico vuela, en su mente, locura.
En el clímax de risas, el director se sienta,
con un aire de gloria, ¡qué bello frenesí!
La obra terminará, aunque lenta se sienta,
¡pero claro! ya no sabe qué nota seguí!
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