
Un fotógrafo al atardecer,
con su cámara y un porro en la mano,
buscaba la luz perfecta,
pintando el cielo en un lienzo
mientras el THC lo llevaba
a un mundo de nubes doradas.
Miró hacia el horizonte distante,
los colores bailaban como locos,
dijo: “¡Este es el momento!,
pero adiós a la calma,
la brisa sopla y se lleva
mi trípode, ¡ay, qué desastre!”
En un susurro de risa surrealista,
los pájaros parecían reír,
“¡Oh cielos! Hay que capturarlo,”
exclamó, perdiendo el equilibrio,
con su cámara volando alto,
y un dragón de nubes al acecho.
Se tropezó con una roca,
mientras el sol se escondía,
con un grito y un ladrido,
la luna ya se asomaba,
pero su retrato aún se escapaba,
¡qué tormento, qué locura!
“Voy a intentar una selfie,”
dijo riendo, mientras giraba,
y justo al darle al botón,
una ardilla le robó una galleta,
“¡No, vuelve aquí, criatura traviesa!”
Era el superhéroe de la tarde.
Con el sol en fuga, la misión fallida,
y un atardecer que solo existía en su mente,
se dio cuenta, al final de la odisea,
que a veces la risa es la mejor foto,
y en el fondo, se parecía tanto
a la vida misma, tan colorida y loca.
Hazy Humor is licensed under CC BY-SA 4.0
