
Hoy el libro es un amigo, lo comprendo,
en cada página, un universo claro,
las fórmulas bailan, ¡qué divertido!,
mientras mi mente en el aire navega,
las letras brillan, todo tiene sentido,
hasta el capítulo que nunca leí.
La química se ríe, me guiña un ojo,
los átomos son amigos, ¡venga el baile!
y esa tabla periódica, que era un laberinto,
se convierte en un mapa, ¡viva la ganga!
Un de repente surge, el saber me abraza,
¡qué bueno es estar alto y comprender!
Las gráficas susurran secretos del mundo,
y los ejemplos se ven desde el espacio,
hasta el pie de página es un poema,
la teoría es un chiste; ¡qué buena vibra!
el profesor, un genio, con voz de risa,
en esta nube de humo, lo aplaudo y lo quiero.
Con cada hoja que paso, estallo en euforia,
las neuronas se abrazan, ¡cómeme el coco!,
en el último capítulo, la vida se cuenta,
y entiendo, al fin, por qué no pasé el examen.
Agradezco al cannabis por esta epifanía,
pero el libro se cierra, ¡ay, la realidad!
Volveré a leer, quizás en otro viaje,
pero por ahora, el sueño me embriaga,
y aunque la risa sea lo único que queda,
seguiré buscando en el fondo del texto,
ese momento sublime, de risas y sabiduría,
cuando un libro, de verdad, se vuelve mi amigo.
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