
En un dojo lleno de risas, allí están,
los competidores flotando en su trance,
con golpes suaves que a nadie molan.
Con sus cintas, cada uno se adorna,
bailando como si fueran de danza,
en un dojo lleno de risas, allí están.
El maestro grita: “¡Pequeña, no aflojan!”,
pero sus palabras se pierden en el cance,
con golpes suaves que a nadie molan.
Una patada que parece una forma
de despedir al gato en su balanza,
en un dojo lleno de risas, allí están.
Se olvidan de pelear, todo se transforma,
en risas, burritos, y un buen ganche,
con golpes suaves que a nadie molan.
El torneo termina, entre risas se adornan,
con medallas de oro hechas de ganja,
en un dojo lleno de risas, allí están,
con golpes suaves que a nadie molan.
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