
En un pueblo lejano, bajo el sol de verano,
se juntaron fumones, ¡qué gran Saratán!
Un concurso de pasteles, su meta estelar,
comer y reír, oh, qué diversión sin par.
Con ojos muy rojos, como fuegos artificiales,
miraban los pies, y no los pasteles iguales,
"Oh, ¡miren esa tarta! ¡Es como un ovni volador!"
Uno dijo riendo, "¿Acaso soy el creador?"
Los jueces miraban con pleno descontrol,
mientras los competidores buscaban su rol.
Uno con un tenedor, en su mente un festín,
intentó comer pasta, ¡pero sólo era jazmín!
Las tartas volaban, los gritos de emoción,
“¡Ese es mi trozo! ¡No me hagas un bajón!”
Con cada bocado, sonrisas y risas mil,
se preguntaban seriamente: “¿Cómo se llama el perfil?”
La competencia ardía; una batalla tan fuerte,
hasta el perro del juez se unió en la suerte,
“¡Dame un poco, amigo, que esto es un festín!”
Al final, se rindieron, todos en un jazmín.
Con estómagos llenos y carcajadas sonantes,
el concurso concluyó, ¡fue de los más brillantes!
En su viaje de risas, volaron a su hogar,
prometiendo que el próximo sería un nuevo manjar.
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