
En un salón lleno de risas y hierba,
los competidores bailan, ¡que fiesta tan tierna!
Con ojos enrojecidos y sonrisas de oreja a oreja,
se mueven al ritmo de una broma muy seca.
Primero llegó Juan, con un paso de cha-cha,
se enredó en sus pies, ¡y cayó como una hoja!
Pero en vez de enojarse, se puso a reír,
y siguió rodando como un canelo feliz.
Luego estaba Clara, con su estilo peculiar,
bailaba con gracia, como un pez en el mar.
Olvidó los pasos, pero ¡qué gran show!
Se puso a girar, ¡y hasta perdió su moño!
Diego entró justo cuando el humo subía,
con un "moonwalk" que era pura fantasía.
Pero dio un resbalón, ¡y de la risa se ahogó!
“Esto es un sueño,” gritó, “y yo soy un pro!”
Y así en la pista, cada uno giraba,
mientras el público, entre risas, aplaudía.
El jurado cansado ya no podía más,
decidió que el premio, ¡era para todos, ya está!
Así terminó el concurso, con paz y diversión,
de una noche memorable, ¡qué bonita ocasión!
Y aunque bailaron torpes, su esencia brilló,
era un festival de amor, ¡y eso es lo mejor!
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