
Dos amigos fumando, la risa estalló,
en un nube de humo, el tiempo voló.
Hablaban de todo, del mundo y el más allá,
mientras las galletas se desvanecían ya.
“Son solo cinco minutos”, uno dijo al mirar,
pero su reloj digital comenzó a temblar.
Se olvidaron del tiempo, la tarde se fue,
y la casa ahora parecía un hotel cuarenta y tres.
La música sonaba como un viejo tambor,
las horas bailaban en un baile de amor.
“¿Acaso el reloj se ha echado a perder?”
preguntó el otro en un tono de “qué va a suceder”.
Mientras galletas se fundían en su ser,
cada uno pensaba en algo que hacer.
“Yo tengo hambre”, dijo uno sin más,
“¿Y esa pizza fría? ¡Vamos a devorar ya!”
Al abrir la nevera, un maratón empezaron,
entre risas y líos, por horas danzaron.
Pero los minutos fueron un dulce engaño,
y de repente se dieron cuenta del año.
“Amigo,” dijo uno, “esto no puede ser,
¡he perdido un recital, y tengo que correr!”
Pero al mirar la hoja, ¡la risa estalló!,
¡Era ayer! ¡El tiempo burlón se los comió!
Así que rieron, el tiempo es un chiste,
en un mundo con humo, todo es un chiste.
Con galletas en mano, el reloj olvidaron,
pues en la diversión, el tiempo se esfumaron.
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