
En un sofá nublado, la risa comienza,
un grupo de amigos con ideas voladoras,
con plumas y cuadernos, la mente en galaxias,
escribiendo poemas con risas contagiosas,
entre bocados de pizza y risas chispeantes,
descubren que la rima tiene mil cara y formas.
“¡Oye, escucha esto!” grita Juan con fervor,
su poema es un viaje, un gran derroche de amor,
habla de un gato que vuela en un rayo,
y de una ardilla que juega a ser un guerrero,
todos se ríen, ¡el aire es de locura!,
se olvidan del frío, del tiempo, de la hora.
María se une, con voz de locura,
sus versos son fuegos de alegría y ternura,
“mi planta habla, ¡es la reina de aquí!”,
“suelta las rimas”, le grita Luis sin parar,
las ideas flotan como nubes de miel,
y todos se asoman a ese mundo sin par.
Entre bocetos y risas, el tiempo se vuela,
los poemas son sueños, rimas de novela,
un amigo sugiere, “¿y qué tal si hacemos,
un poema a los tacos, llenos de queso?”
y así presentan un festín con su humor,
el arte florece en un vapor de amor.
Las palabras giran, el caos se siente,
el corazón late como un tambor valiente;
“¡Espera!”, dice uno, “¡esto tiene sentido!”
el otro se pierde en un silencio atrevido,
pero la risa nunca se escapa en verdad,
en sus locuras hallan la felicidad.
Así, amigos locos en un viaje astral,
crean poesía en su mundo especial,
llenando el aire con risas y verdades,
bailando en el sofá, no tienen edades,
hoy reirán juntos hasta el último albor,
porque en un viaje así, todos son ganadores.
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