
En la nube de misterio, siempre estoy flotando,
con un trozo de pizza que nunca estoy encontrando.
Mis ganas de trabajar se han ido volando,
el sofá es mi amigo, siempre me está llamando.
Pero al abrir la nevera, me encuentro llorando,
mi futuro brilla, pero soy un poco tonto.
Entre risas y bromas, el tiempo se va volando,
olvidé que existía un mundo esperando.
Mis amigos me dicen que estoy como un pato nadando,
y que el control remoto es mi nuevo reinado.
Mis sueños son altos, pero estoy sentado,
la meta se pierde, como el coche que he dejado.
Con la mente en frascos, sigo especulando,
entre ideas locas que nunca acabo inventando.
Me prometí que hoy sí, que me iba a organizar,
pero el ventilador me tiene hipnotizado.
Mientras el ajo se quema, y el verde va asomando,
mi vida se convierte en un sketch aplazado.
Las risas son largas, y el tiempo es un encanto,
pero olvido mis llaves, y eso es un quebranto.
Pedí una pizza y pedí algo más, claro,
pero llegó un cactus y yo soy un asombro.
No sé si es la hierba o un extraño canto,
pero la confusión crece, como un helecho avanzado.
Siempre en busca de algo, me encuentro dudando,
al final, sin querer, me quedo preguntando:
¿Era un sueño o un truco, o un verso encantado?
La mente divaga mientras estoy pensando,
la hierba me abraza, me lleva viajando,
y entre risas y sueños, me vuelvo olvidado.
Entonces, queridos amigos, aquí va un aplauso,
a los que fuman y luego se sienten al paso.
Recuerden que la vida es un viaje arriesgado,
pero siempre hay un risueño que hace reír atado.
Entre nubes y risas, aunque andemos extrañados,
ser un stoner a veces, es un arte sagrado.
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