
En un rincón del pueblo, donde el aire es risueño,
se organizó un concurso, ¡vaya, qué pequeño!
Los competidores llegaron, todos con gran afán,
pero a todos se les notaba, que ya habían fumado un montón.
Primero vino Juanito, con un paso muy lento,
se creía un bailarín, pero iba en su propio viento.
Giró como una peonza, se tropezó en el suelo,
y entre risas estalló, ¡parecía un caracol sin vuelo!
Siguió la Chata Lupe, con su humo en el pelo,
de repente un canguro se coló en su anhelo.
Saltó como un loco, con sus dos pies en el aire,
y los jueces asustados no sabían si era un baile.
Luego llegó Tío Paco, ¡ay, qué mala elección!
intentó hacer el moonwalk, pero fue otra función.
Se deslizó para atrás, como un cangrejo sin rumbo,
y al chocar con la mesa, ¡acabó en un tumulto!
Finalmente, bailó La Susi, con gracia y destreza,
pero en un giro locura, olvidó la fortaleza.
Se cayó en la tarima, ¡vaya gran exhibición!
su caída fue un triunfo, ¡la mejor ovación!
El concurso terminó, reían todos, ¡qué cosa!
los competidores abrazados, bajo la misma rosa.
Y aunque ninguno ganó, en sus corazones brillaba,
el gran premio de la risa, que nunca se apagara.
Así fue el famoso baile, en la nube de THC,
donde la risa y el humor, fueron el verdadero ajedrez.
Así que en este cuento, nunca olvides bailar,
¡si estás alto en la nube, deja el miedo y a brillar!
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