
Oh, dulce cuarto veinte, hora de la risa,
con el reloj que avanza, ya empieza la misa.
Las sombras de la tarde se vuelven más brillantes,
mientras los amigos llegan, ¡todos son importantes!
Con el papel enrollado y chistes en el aire,
se encienden las risas, que no se pueden callar.
Coge tu pipa y pasa el frasco, amigo,
pero cuidado con el gato, que enciende su liguero.
En la mesa un platillo con galletas doradas,
piensas que son suficientes, ¡pero están muy cambiadas!
Te atrapa el dulce aroma de la hierba divina,
y un viaje a otros mundos, ¡dónde una nube te adivina!
Oh, broma celestial, que vuela como un ave,
en el reino de 4:20, todos son un poco suaves.
Con risas contagiosas y un par de bocados,
la vida es una fiesta, ¡los problemas olvidados!
Y así en la próxima hora, cuando el reloj te avise,
celebramos con alegría, no hay nada que se frise.
A las 4:20, un ritual sin igual,
con amigos y risas, ¡sólo amor espiritual!
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