
En un día soleado, salió a pasear,
anhelando un toque, está por llegar.
Con una sonrisa, le cae el resplandor,
el verde intrépido es su gran amor.
Lo enciende con gracia, humeando en la brisa,
cosecha de risas, ¡vaya una delicia!
En la primera calada, su mente vuela,
los problemas son sueños que no se revelan.
“¿Por qué está el cielo tan azul y brillante?”
exclama entre risas, como un buen amante.
Las galletas, los nachos, empiezan a llamar,
los antojos brotan al mismo compás que el mar.
Pero mira que aparece un aguacate,
¡con su cara extraña! ¡Qué buen disparate!
“Si lo mezclamos, será un manjar,
un guacamole que nos hará bailar.”
Ríen sin parar, con trozos de brillo,
mientras el mundo se vuelve sencillo.
Una nube de risa los empieza a abrazar,
la coherencia escapa, se quiere marchar.
“¿Alguna vez vieron un gato en tacones?”
pregunta el amigo entre mil convenciones.
La respuesta es un eco, una risa contagiosa,
una locura que se siente deliciosa.
Al caer la tarde, el sueño florece,
los héroes del día en su reino amanecen.
Dormitan en sillones, mientras ríen a mil,
cabeceando juntos, pura paz, un perfil.
El cannabis, siempre, su fiel compañero,
los invita a soñar, como un gran viajero.
Así es la vida, un viaje sincero,
en cada calada, su eco ligero.
Con risas y amigos, la hora se pasa,
reímos del mundo, ¡vaya que es una masa!
Si la vida es un juego, ¡Vamos a jugar!
con un toque de verde, ¡no hay más que hablar!
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