
Un cuidador llega, volando en la niebla,
en su cabeza, un concierto de locura.
Los leones lo miran con ojos de hielo,
mientras él grita: "¡Qué bien suena esta selva!"
Las serpientes susurran, la jaula se mueve,
¡pero él solo piensa en la comedia del día!
Caminando entre monos que hacen travesuras,
él suelta una risa, se siente en la cima.
"¡Hoy haré magia!", susurra a las tortugas,
mientras un loro le imita en su rima.
Los visitantes ríen, no saben que en realidad,
el cuidador vuela con la mente en la bruma.
El hipopótamo, al agua, lo lleva a la calma,
mientras él salta y hace su mejor imitación.
"¡Yo soy un pez!", grita, con gran descontrol,
y los pingüinos bailan en su propia canción.
Pero el jefe lo pilla, y con voz de trueno,
le dice: "Amigo, ¡esto no es una reunión!"
Los elefantes trompetan, se unen al juego,
pero el cuidador ya se ha perdido en su trama.
"Mejor me despido, que esto está raro,"
y con un gesto de mano, su jornada se apama.
Los animales ríen, todos son cómplices,
y el zoológico entero se llena de drama.
Así termina el día, entre ruidos y ansias,
un cuidador alto, que voló hasta el final.
Pero mañana vendrá, con su gran experiencia,
mientras los animales susurran en su andar.
El zoológico espera, con risas y juegos,
¿quién será el próximo en volar de esa forma tan real?
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