
Era una noche estrellada, todo brillaba,
los competidores llegaron, ¡vaya jugada!
Con ojos de miel y una risa sincera,
todos bailaban como si estuvieran en primavera.
Primero fue Juan, un experto del sway,
se movía como pez, pero daba un "bump" en el hay.
“¡Mírale! ¡Mírale!” gritaban a su lado,
mientras giraba y caía en un pasto dorado.
Sara llegó, con su estilo encantador,
creyendo que el suelo era un gran tambor.
Sus pasos erráticos causaron un revuelo,
danzo en el aire, ¡y casi cae en el suelo!
Luego apareció Pedro, con su gorra de raves,
hizo un moonwalk que dejó a todos en jaque.
“¡Lo puedo!” decía, mientras caía al costado,
su danza era épica, aunque un poco alocado.
Y allí estaba Lupe, incluso usó sombrero,
hizo un giro loco, y se tornó en su perro.
“¡Wuff! ¡Wuff!” ladraba, y los jueces reían,
si el baile no importaba, ¡la risa fluía!
Al final, todos juntos, en un gran abrazo,
se olvidaron del concurso, hasta de su paso.
Rieron, bailaron, y entre risas se fueron,
en el Concurso de Baile, el amor siempre ganó.
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