
En un bar de la ciudad, un cantinero llegó,
con los ojos rojos como un tomate, ¡vaya situación!
Decidió abrir su barra, aunque en su mente estaba,
un festín de nachos y una gran pancarta.
“¡Hola, compadres! ¿Qué les puedo servir?
¿Una cerveza o un cóctel extraño, para reír?”
Los clientes se miraban, con dudas en sus rostros,
pagándole en risas, a sus cómicas costas.
Un chico pidió un "margarita" con limón,
pero el cantinero sirvió un batido de pepón.
“¡Está fresco y es sano!” dijo con gran orgullo,
mientras el cliente pensaba que era un gran murmullo.
La rubia de la esquina pidió "vodka sin hielo",
y él, confundido, le sirvió un ratón de vuelo.
“¡Es que vuela alto!” bromeó, riendo a carcajadas,
mientras ella reía, olvidando sus baladas.
Al final de la noche, el tirador se detuvo,
miró a su alrededor y se sintió algo mudo.
“¡Un aplauso para todos, esta noche fue genial!
¡No olviden llevarse un trago de este bar tan especial!”
Hazy Humor is licensed under CC BY-SA 4.0
