
En la nube del placer, un stoner va a fluir,
su mente tan abierta, ¡oh, cómo va a reír!
Pero entre risas y humo, hay que asomar la cabeza,
pues a veces la vida ¡te lanza una pieza!
Se olvidan las llaves, se pierden los zapatos,
te asomas al espejo y no encuentras tu retrato.
“¿Dónde guardé el snack?”, te preguntarás;
en la nevera o en el coche, nunca lo sabrás.
Las horas se vuelven un extraño laberinto,
donde un minuto es un rato y dos risa en distinto.
Te sientas a pensar, y en un abrir y cerrar,
resulta que ya es hora de volver a cenar.
A veces el sofá es el rey de tu reino,
te abrazan sus cojines, te dicen: “No hay freno.”
Y aunque el mundo te grite: “¡sal, vive y disfruta!”,
tú sueñas con pizza y una buena ruta.
Cuidado con los amigos, que dicen: “¡Vamos ya!”
pero a ti te ha dado sueño y ya no quieres andar.
Mientras ellos discuten si hay que ir a bailar,
tú te quedas pensando en un nuevo bowl a armar.
Así que aquí estamos, en esta hilarante verdad,
ser stoner tiene risas, pero también su necedad.
Disfruta el viaje, pero no te olvides, amigo,
que con cada gran risa, hay un pequeño fatigo.
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