
En un bosque profundo y sombrío,
mis amigos y yo estábamos al río.
Con un porro encendido,
y un chiste compartido,
¡hicimos de las ranas un lío!
Un marshmallow se cayó al fuego,
y yo grité aunque no era un gran juego.
"¡El sillón está vivo!"
grité con mucho alivio,
mientras bailaba con un jabalí ciego.
Al final de la noche, oh, sorpresa,
resultó que era solo una mesa.
Con risas llegaron,
las estrellas brillaron,
y el humo formó nuestra tristeza.
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