
En el cuadrilátero, suena el gong,
los luchadores entran, ¡qué gran chistoso!
Con risas y humo, danza el salón,
con galones de marihuana, se siente hermoso.
Un suéter muy grande, y unas chanclas a la vez,
en este torneo, todos volamos al revés.
¡Uno salta alto! Con su estilo divino,
sus movimientos son lentos, como en un sueño;
pasa un hot dog volando, ¡vaya camino!
se olvida del rival, pues le ofrece su dueño.
Mientras se ríen, chocan con una res,
“¡Hey hermano, me alegra verte, qué tal!” dicen al mes.
La multitud aplaude, se lanza a rodar,
un luchador abraza a su amigo del alma,
y en lugar de pelear, se ponen a charlar,
hablando de vida, con gran calma.
El árbitro tambièn se unió a este festín,
"¡Hay que tirarse un toque antes de ganar, por fin!"
Pero uno decide que llegó el momento,
uno que parece un oso de peluche.
Se lanza como un cohete, buscando el aliento,
pero aterriza en la colchoneta, ¡madre mía, un truche!
“¡Yo solo quería un abrazo y no pelear!”
en este torneo de locura, todos quieren chocar.
El tiempo va volando, ya se siente el desenlace,
y entre risas y volar, todo es confusión.
Cada puñetazo, como un baile de un trance,
y las caídas son suaves, ¡a gran ubicación!
Los luchadores se abrazan, entre humo y el estrés,
“¡Qué gran torneo, amigo! Ahora, ¡más por un mes!
Así termina el sueño, todos se despiden,
con una sonrisa, y una hoja en la mano.
Afuera se oyen risas, los abrazos se piden,
pues en este torneo, ganaron el hermano.
¡Así que el próximo año, no lo dudes, ven!
que la lucha aquí es solo para el buen zen!
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