
Un apicultor de miel se despertó,
con un dulce sueño, algo nublado,
en su mente un reino de flores voló,
mientras en un bong se había relajado.
Con sus trajes listos y un sombrero en mano,
se acercó a las colmenas, un poco temblando;
sus abejas danzaban, él gritó: “¡Hermano!”
“¿Dónde está mi miel?” y empezó a alucinarlo.
Las abejas reían, le picaban el pecho,
mientras él, mareado, echaba una risa;
“¿Qué hacéis, amigas? ¿un nuevo despecho?
¡Vengan a danzar, la miel es la prisa!”
Y en su nube mielosa, entre risas y miel,
quiso ser abeja, en un dulce cartel,
pero el trabajo, amigos, eso no es ideal:
¡no todo en la vida se puede volar!
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