
En un torneo de lucha sin igual,
los luchadores estaban en su umbral.
Con THC en su ser,
echaban a perder,
los golpes eran un baile cabral.
Con risas y giros a montón,
un luchador cayó en un sillón.
“¡No puedo pelear!”
gritó al tumbarse a soñar,
mientras el otro buscaba el colchón.
La audiencia reía a montón,
pues el wrestling no era tensión.
“¡Qué tal le fue?”
“Se quedó en su edredón,
¡mejor hagamos un picnic, campeón!”
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