
En un bar muy famoso, de luces y de risas,
un bartender llegó, con sueños y brisas.
Con un toque de verde, en su mente un festival,
se le olvidó el uniforme, ¡qué mal comportamiento tal!
Con su coctelera en mano, sonriendo de más,
cortó limones y no un pie, ¡vaya el compás!
Los clientes pedían "gin", él devolvía "whisky",
y en vez de mojitos, mezclaba un batido de frisky.
Con la cabeza en las nubes, y el vaso en su mano,
les decía a los clientes: "¡Este es un trago humano!”
Confundía los nombres, "¡Alma de rompope!”
en vez de "margarita”, ¡vaya tremendo golpe!
Pero todos se reían, la risa era fulgurante,
con cada sorbo extraño, ¡el ambiente era vibrante!
Aunque el sabor variara, la alegría era clara,
y el bartender elevado, ¡la estrella del bar-vara!
Así pasa el tiempo, entre risas y calor,
hace malabares, es un auténtico actor.
Si entras a su reino, y ves el juego así,
recuerda: ¡ser un bartender puede ser un festín!
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