
Un zookeeper, con risa en el rostro,
Llegó a su trabajo con aire de rey,
Pensando que el mundo era un gran recuesto,
Y que los leones sólo eran su ley.
Los pingüinos, al verle, bailaron un chiste,
Las jirafas se asomaron, buscando la risa,
Mientras el elefante, con su gran trompiste,
Le ofrecía un plátano con una sonrisa.
El mono travieso le robó su sombrero,
“¿Dónde está la comida?” gritó en un vaivén,
Y el zookeeper pensó, aún más ligero,
Que los animales debían ir al tren.
Así, entre risas y al más puro estilo,
El cuidando era un majestuoso destino,
Un zoo sobre nubes, ¡qué bello es el hilo!
Aunque al final, se salió con el vino.
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