
En un bosque de risas, la hierba floreció,
con hojas de seda que al estrés ahuyentó.
Con cada calada, un fármaco en cada rayo,
la risa se inunda, ¡adiós al desengaño!
Si el dolor te abraza como un abrazo feo,
la cannabis llega al rescate con su busqueo.
“¡Inhalador, inhalador!” grita el cuerpo afligido,
y la hierbita responde: “Aquí estoy, amigo querido.”
Para el insomnio, suave nubes de sueños,
te envuelven en calma, sin tormentos ni dueños.
Cerveceras de sueños, levanta tu copa,
¡brindemos por la paz! Que esto nunca se agota.
En la cocina, en platos de mil colores,
la ganga es el rey de los grandes sabores.
Con un toque de aceite, y un poco de queso,
la cena se vuelve un festín prodigioso y espeso.
Así que, amigo, si la vida te apremia,
piensa en esa planta que sana como emblema.
Declaremos en conjunto, con algo de risa,
¡que la cannabis es verdad, y la medicina no se frisa!
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