
En un salón de cuatro paredes,
se dio un torneo de ajedrez, bien enredado,
con competidores de mentes perdidas,
¡todos subidos a un viaje elevado!
Don Mario, el rey de la jugada,
con gafas de sol y mirada alocada,
se olvidó de las piezas que movía,
"¿dónde está el peón? Ah, mira, ¡la comida!"
La reina, que baila entre dudas y risas,
se convirtió en la musa de locas premisas,
"En lugar de jaque, ¿por qué no un abrazo?"
Y el negro y el blanco, ¡qué divertido fracaso!
El tiempo corría, nadie lo notaba,
los relojes dormían, la estrés se marchaba,
"Es tu turno", decía un jugador a su lado,
y el otro respondía: "¿Turno de qué, hermano?"
Movieron un caballo que danzó con fervor,
y el alfil encontró en la risa su amor,
“Escoge una pieza”, gritó un espectador,
y todos se rieron, ¡que gran error!
Finalmente, cuando llegó el final,
decidieron un empate, tan genial,
"Mejor una pizza", dijeron los cuatro,
y así el ajedrez se volvió un gran relato.
Así, queridos amigos, ya saben la historia,
de un torneo que fue pura euforia,
con risas, amigos, y un toque extraño,
¡quién necesita ganar, cuando hay tanto engaño!
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