
Había un zookeeper tan volado,
que llegó a su trabajo encantado.
Las cabras bailaban,
los leones gritaban,
y él pensaba que era un desfile soñado.
Él dio de comer al elefante,
con un batido muy interesante.
El bicho lo olfateó,
y a la carga salió,
mientras el zookeeper reía distante.
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