
Siempre busco mis llaves y no están,
una nube de humo cubre la razón,
la nevera canta su melodía,
me olvido de todo, hasta de comer,
la risa es mi mejor amigo,
pero perder mi tiempo, ¡ay, qué gran cómputo!
Al mirar la hora, ya son las tres,
creí que eran minutos, me entró la marea,
el control remoto ha hecho un viaje,
mientras yo me quedo pegado en el sofá,
la tele parpadea con preguntas raras,
¿era una serie o un documental? ¡Qué horror!
La comida se convirtió en un arte,
mi sándwich es un monstruo, lo sé bien,
en cada bocado, hay un poco de historia,
la receta en mi mano, me da alegría,
pero mi mente vuela, se dispersa el deseo,
y el hambre se queda, me rinde la gloria.
Susurros de amigos, risas en el aire,
un plan brillante que nunca se da,
“¡Vamos al cine!”, “¿Fue hoy o mañana?”
Las dudas rondan como un gato sin hogar,
y aunque suene genial, me quedo en mi sitio,
la pereza me abraza, no puedo escapar.
La creatividad florece en cada paso,
pero el lápiz queda quieto, en mi cabeza va,
las ideas danzan, pero no las atrapo,
y al final del día me quedo en el lugar,
esperando un destello, un golpe de suerte,
mientras la tristeza de un tonto más va.
Hoy me prometí que sería distinto,
dejar de perderme en esta travesía,
el aire fresco y el sol me llaman,
pero una vez más, me atrapa la modorra,
y aquí sigo, riendo y pensando,
que ser un stoner, ¡qué prisión de alegría!
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