
Cuando suena el reloj y marca la hora,
los amigos se reúnen en la misma cola.
Con risas y chistes, un ritual tan sagrado,
sale el pipa y el verde, ¡todo está preparado!
Unos dicen: “¡Oye! ¡No olvides el humo!”
Y otros responden: “Que crezca el consumo.”
Se preparan los snacks, la música empieza,
y en el aire se siente una extraña belleza.
"¿Por qué hay galletas en la mesa tan llena?”
“Es simple,” dice uno, “¡es la hora de cena!”
Risas estallan, el humo se eleva,
y en este momento, la mente se atreva.
A las 4:20, el mundo se calma,
con cada bocanada, se siente la palma.
Los problemas se van como niebla en la brisa,
mientras se cuenta la historia más divertida y precisa.
Así en la tarde, entre risas y juegos,
olvidamos la vida, los trabajos, los ruegos.
Las 4:20 son risas, no hay nada más puro,
en nuestra aventura, ¡el tiempo es seguro!
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