
En un torneo de karate, tan raro,
los competidores volaban en un claro.
Con patadas a ritmo,
todo era un buen chiste,
pues creían que luchaban en un faro.
El maestro gritó: "¡a pelear!"
pero el aire olía a vapor, muy peculiar.
Chocaron las manos,
fueron a los planos,
y terminaron riendo sin parar.
Así fue el combate tan insólito,
donde el “karate” sonaba a un mito.
Aun así todos felices,
entre risas y matices,
¡ganó el que hizo el mejor piquito!
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