
En un pueblo lejano, bajo un cielo azul,
se armó un concurso, ¡vaya un gran alboroto!
Todos estaban listos, risas en su redor,
pero los concursantes estaban un poco... elevados, por favor.
María trajo brownies, con chispas de color,
se olvidó de los huevos, pero ¡oh, qué sabor!
Cuando probó su mezcla, se le fue el sentido,
“¿Por qué harán falta yemas si el amor tengo unido?”
Pablo hizo galletas, con un toque especial,
cada bocado le llevó a un viaje celestial.
Él pensó en las estrellas, ¡cómo brillaban tan claro!
Y sus galletas volaron, ¡en su mente un disparo!
Lucía trajo pastel, con betún apilado,
olvidó que el horno, también es un aliado.
Mientras bailaba salsa, el pastel se cocía,
salió como un ladrillo, pero ella sonreía.
Los jueces miraron, atónitos y risueños,
con bocados de dulces, parece que ya eran sueños.
“Tengo hambre de arte,” gritó uno emocionado,
“¡y este concurso nos deja todos descontrolados!”
Al final fue la risa, el verdadero campeón,
pues en la cocina, todo era diversión.
Con THC en sus venas, el espíritu voló,
y el más dulce de todos, ¡el amor se cocinó!
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