
En un pueblo lejano, lleno de alegría,
dos competidores se retan con gran valentía.
Con risas y risitas, y un brillo en el ojo,
se lanzan a comer, ¡sin miedo al despojo!
Un chico llamado Gato, con su gorra de flores,
tiene fama de glotón entre varios ganadores.
Y al lado, la chica Lía, que no se queda atrás,
con su look de hippie y su gran “¡Paz, paz, paz!”
Los pasteles humeantes llegan a la mesa,
de cereza, de chocolate, ¡vaya sorpresa!
Los jueces, aturdidos, con dulces en la boca,
se preguntan si esta comilona es una roca.
Gato toma su tenedor; la risa se ha desatado,
“¡Mira, mira, Lía!” suelta un grito encantado.
Los ojos muy grandes y la lengua afuera,
empieza a comer, ¡cuidado! ¡La esfera!
Lía toma un bocado, el pastel se desmorona,
“¡Ay, el globo de mi mente!” exclama como una persona,
y el pastel cierra el ojo, parece que le coquetea,
“Ven aquí, Gato, ¡ya no hay más pelea!”
El tiempo avanza y el dolor se siente,
los minutos pasan volando, ¡qué gran accidente!
Gato se da cuenta que ha perdido la cuenta,
y Lía ríe tanto que a todos atormenta.
“¡Ahhh! creo que he comido mi propio reflejo,”
grita en la locura, completamente deshecho.
Mientras el jurado se echa unas risas,
los pasteles desaparecen, ¡y se van de visitas!
Al final, no hay un ganador que alabe,
solo risas y dulces, ¡un hermoso desastre!
En la competencia de pie, donde el THC se asoma,
todos son campeones cuando la risa se toma.
Hazy Humor is licensed under CC BY-SA 4.0
