
En un rincón del parque, la fiesta empezó,
bailarines con risas, ¡la locura llegó!
Con los ojos enrojecidos, un ritmo comenzaron,
cada uno en su mundo, ¡los pasos se olvidaron!
Primero vino Juan, con su chaqueta brillante,
se movía como un pez, ¡pero era un poco errante!
Giraba en círculos, sin rumbo y sin prisa,
¡Su sombra lo siguió, como si fuera su risa!
Luego llegó Luisa, con su gorra torcida,
sus movimientos eran pura vida divertida.
Se cayó de un lado, y luego del otro,
“¿Era parte del baile?”, preguntó su hermano loco.
Y en el fondo del parque, un grupo fue a hacer ruido,
un conejito bailón, ¡el show lo retorcido!
Se unieron todos, con pasitos de tonto,
bailando en círculo, ¡un aplauso en el punto!
Al final de la noche, se otorgó un trofeo,
a quien hizo reír más, ¡y no fue un recreo!
El jurado muy serio, en su nube flotante,
decidió que el ganador fue el que bailó adelante.
Rieron y rieron hasta que amaneció,
los reyes del parque, el THC reinó.
Así en este concurso, aunque nadie ganó,
todos se llevaron un buen rato de amor.
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