
Se sentaron en la sala, la hierba encendida,
con risas suaves, el tiempo olvidado,
mientras discutían el sentido de la vida,
una galleta voló, y el reloj se paró,
"¿Cuánto llevamos aquí?" preguntó el amigo,
a lo que la otra rió, "¡Eso no importa, amigo!"
Las horas se escurrieron como humo en el aire,
el gato observaba, con cara de "que locura",
jugaron a contar las estrellas en la ventana,
pero sólo había un ratón y un viejo sombrero,
más risas brotaron, y en su mente bailaban,
“¡Eureka! ¡He encontrado la respuesta! ¡Son galletas!”
El sol se fue, y la luna se asomó,
“¿Por qué no se mueve el reloj?” inquirió,
y el amigo, en su locura, pensó que era un dios,
contando chistes de un viejo cactus boxeador,
“Esta noche es eterna, ¡más galletas, por favor!”
pero ya no había más, solo un hueco sabor.
Al final del viaje, el hambre regresó,
“¡Rápido! ¡A la cocina, que eso es lo mejor!”
pero al abrir la puerta, con cara de sorpresa,
¡no quedó ni un bocado, solo un vaso de cerveza!
Miran el reloj con cara de desilusión,
“Vamos a volver, pero ¡qué gran diversión!”
Así que, entre risas, se mandaron un abrazo,
prometiendo volver y hacer todo despacio,
pero se olvidaron del tiempo otra vez,
y el ciclo empezó: ¡hermoso y al revés!
“¿Cuántas horas pasan en este lugar?”
“¡No sé, pero pasémoslo a cepillar!”
Hazy Humor is licensed under CC BY-SA 4.0
