
En un oscuro cubículo, oh qué gran lugar,
un ingeniero vuela, pero no va a aterrizar.
Con su mente elevada, como un cohete espacial,
escribe líneas de código, ¡vaya travesura digital!
Con un toque de THC, todo se enrevesa,
los errores son risas, y el café es la pieza.
"¿Por qué usar semicolon?", se pregunta, encantado,
“Si el código es poesía, ¡todo está perdonado!”
Variables flotantes, como nubes en el cielo,
se convierten en versos, se siente bello.
“¡Eureka!” exclama, por un bug que descubrió,
“¡Voy a implementarlo en un programa de amor!”
Los loops son danzas, se mueven con pasión,
creando un algoritmo que no tiene razón.
Mientras sus ojos brillan, y el mundo gira lento,
escribe una función sobre su propio tormento.
El reloj avanza, ni lo nota, está en su trance,
los deadlines son fantasmas, el tiempo es un romance.
Y así, entre risas, se va la jornada,
un ingeniero feliz, con su mente elevada.
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