
En un dojo pintoresco, con un aire de paz,
se reunieron los luchadores, ¡vamos a empezar!
Con cintas de colores, pero muy relajados,
venían de un viaje, todos estirados.
“¡Kiai!” gritó uno, pero le salió un bostezo,
y el otro en su respuesta, pensó en un queso.
Con patadas voladoras y giros muy lentos,
en vez de dar golpes, se dieron abrazos contentos.
Un experto en el arte, de nombre “La Nube,”
se olvidó de su técnica, ¡ay, cómo se mueve!
Mientras montaba una serie de saltos con gracia,
terminó en el suelo con toda su bonanza.
Las puntuaciones eran raras, los jueces reían,
“Ese movimiento, ¿fue un puñetazo o una ojeada?”
Con cada golpe asestado, un chillido de risa,
en el aire flotaba el humo, ¡qué hermosa brisa!
Y al final del torneo, nadie se preocupó,
pues el verdadero ganador, ¡fue el amor que reinó!
Todos se abrazaron, ¡vaya lucha tan loca!
Unidos por la risa, olvidaron la roca.
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