
En un dojo lleno de niebla, con risas a montones,
se dieron cita los guerreros, con sus extrañas canciones.
A todos les brillaban los ojos, con una mirada tierna,
¡quién diría que el karate se hacía en una trinchera!
El primer competidor, llamado “El Chillón,”
se olvidó de su nombre, y hasta de su dirección.
Cuando le tocó el turno, solo dio un par de giros,
¡y terminó bailando, mientras reía como un ladrón!
La chica que era ninja, conocida como “La Nube,”
se movía como un pez, ¡y eso nadie lo descubre!
Con cada golpe que lanzaba, su mente vagaba,
pensando en la pizza que en la casa esperaba.
El gran maestro, un sabio de muchos años,
se sumó a la fiesta con unos cuantos engaños.
“Maestro, ¿qué hay de la técnica?” gritó un competidor,
“¡Oye, mira una mariposa!” fue su gran respuesta de humor.
Los árbitros temblaban, con risas descontroladas,
los puntos no contaban, ¡pues estaban todos drogadas!
El ganador fue el que logró un profundo abrazo,
una guerra de abrazos, ¡ahí sí que hay un lazo!
Y así, terminó el torneo con aplausos y risas,
cayendo todos al suelo, con sus caras de sonrisas.
En el dojo de karate, aprendimos hoy una lección:
que la paz y la risa vencen toda competición.
Hazy Humor is licensed under CC BY-SA 4.0
