
En el jardín crece el plátano, un sueño,
con sol, amor y un poco de riego,
un par de manos, eso es lo que aprecio,
de tierra fresca y abono en sueño.
Risas bajo el cielo mientras me muevo,
y un par de amigos que siempre se asemejo.
La planta pide mimos y yo la “abrazos”,
con cada hoja un chiste, no hay mejor paseo.
Mi vecino mira raro, me llama “locazo”,
pero no sabe que la risa no es un juego.
¿Acaso no es cierto que crecen los lazos
cuando el aroma del amor es lo que rodeo?
Las hormigas tienen su propia fiesta,
acuden a ver la hermosa cosecha,
yo les digo “amigas, esto es una propuesta,
pueden quedarse, pero limpien su queja”.
Mientras me río de la vida incrédula,
la hierba se ríe de la especie inmejorable.
Una vez, un gato decidió ser amigo,
se tumbó en el suelo, ¡pensó que era su nido!
Al rato empezó a dar giros, ¡pobre bicho!
y dejó a mis plantas viendo lo perdido.
Quizá se creyó un pequeño “marihuana”,
cuidado, amigo, de eso yo soy el “guido”.
Sigo creciendo, en esta enredada danza,
mirando el transcurrir de la primavera,
mis plantas son sabias, ¡menuda alabanza!
una mezcla de amor, risa y espera,
a veces se vuelven un poco chistosas,
como este poema que nunca se cierra.
Así es el juego, con humor y amor,
de las hojas verdes, la risa es un sopor,
incluso cuando el tiempo es un tramposo,
siempre queda el espíritu de un tierno clamor.
En este jardín del plátano divino,
cultivo risas mientras crece el fulgor.
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