
En una tarde de risas y de humo volador,
se cruzaron dos almas en un mágico vapor.
Él traía un bong, brillante y resplandor,
ella sonrió, ¡qué gran fumador!
“Hola, guapa, ¿te gustaría probar?”
preguntó con picardía, sin disimular.
Ella, chispeante, dijo con mucho humor,
“Si el amor es como el humo, ¡es todo un fervor!”
El primer toque, un suspiro profundo,
se miraron los ojos, todo un mundo.
El bong lleno de risas, un poco de pasión,
se olvidaron del tiempo, ¡qué gran conexión!
Risas y anécdotas, un amor entre risas,
sus corazones bailaban con nuevas premisas.
“Soy un poco torpe, ¡me ayudaste a encender!”
dijo él, mientras el humo lo hacía estallar en placer.
Pasaron las horas, el amor floreció,
él la abrazó, el bong nunca se apagó.
“Prometo que siempre, contigo fumaré,
pero al futuro, tus abuelos no les diré.”
Y así entre risas, y con el cielo azul,
dos amantes se unieron, ¡hasta el final del tul!
Sus corazones fumando, siempre en compás,
y un amor entre nubes, ¡vaya gran buen plan!
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