
Un día soleado, papá decidió,
llevar a su hijo, que ya creció.
“No es un mal camino, esto es genial,”
dijo al entrar en la tienda especial.
Las luces parpadean, ¡vaya color!
“Hay flores, gomitas y hasta vapor.”
El niño mira, con ojos de asombro,
mientras papá le dice: “Todo es unombo!”
“Mira, chiquillo, elige con cuidado,
de esto no hay prisa, no hay apurado.
Si quieres relajo, este es el camino,
pero con moderación, ¡no seas un pillino!”
Se acercan al mostrador con un poco de miedo,
“Deseo algo bueno,” dice el pequeño.
El vendedor sonríe, “¿Qué tal un brownie?”
Papá lo interrumpe: “¡Oye, no, ese es de Tony!”
Risas estallan, el niño pregunta,
“¿Por qué no podemos comprarlo como junta?”
“Porque en la casa, los dulces no asoman,
tu madre me mata, ¡y eso no se perdona!”
Con un paquete al viento y risas de más,
salen de la tienda, “¡qué clase de paz!”
“Ahora hijo mío, un secreto también:
no lo cuentes a nadie, ¡a tu hermana también!”
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