
En un dojo muy raro, lleno de risas y paz,
los luchadores llegaron, ¡y ya no hay más en paz!
La hierba fumaron, y con gran emoción,
dijeron: “¡A luchar, suéltame el corazón!”
El primero hizo un salto, muy alto, muy sereno,
pero en vez de golpear, abrazó al camareno.
“¡Oye amigo, qué bonito es volar!
Voy a abrazar el suelo, ¡seré un gran paraguar!”
La competencia seguía, pero en un mar de risas,
cayó un karateka, ¡y se quedó en las brisas!
“Esto es karate, no un sofá de salón,
pero si hago la siesta, gana mi corazón.”
El maestro, asombrado, veía la locura,
“¿Qué es esto, hijos míos, una gran lectura?”
Los competidores bailaban, giraban como el viento,
“¡Dong! ¡Pum! ¡Flop! ¡Ganamos con sentimiento!”
Al final, se sentaron, con una pizza en mano,
“Karate y el cannabis, ¡se ven muy de verano!”
Rieron y cenaron, olvidando el torneo,
“Tal vez el próximo, ¡será en el paseo!”
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