
En una cocina llena de humo, y con risas a montones,
los pasteleros se mueven, como si flotasen en canciones.
Con el azúcar en el aire, y el chocolate pegado,
todos suben a la nube, ¡ay, qué estado más sagrado!
Juan mezcla ingredientes, pero perdió su cucharón,
“¿Dónde está mi batidora?” grita sin dirección.
Mientras, María en la esquina, sigue con su mermelada,
aunque accidentalmente, ¡añadió una hoja olvidada!
El jurado ya se ríe, con galletas entre las manos,
y Pablo presenta un brownie, ¡que parece un volcán humano!
“Esto no es un postre, ¡es un desastre increíble!”
Pero todos lo degustan, “¡Sabe bien, eso es lo increíble!”
Al final de la competencia, las carcajadas resuenan,
mientras el ganador se rinde, y declama en su fenomenal vena:
“Esta tarta de marihuana es arte en su esplendor,
pero prometo que la próxima, lo haré sin olor.”
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